sábado, 8 de diciembre de 2012

Tú me quieres


Y estallo en sollozos, escondo la cara en su cuello, mientras pienso en un niño perdido en un océano de miedo y dolor, asustado, abandonado, maltratado... herido más allá de lo humanamente posible. 
Se aparta, me sujeta la cabeza entre las manos, la echa hacia atrás y se inclina para besarme.

- No llores, Ana, por favor. Fue hace mucho tiempo. Anhelo que me toques y me acaricies, pero soy incapaz de soportarlo, simplemente. Es superior a mí. Por favor, por favor, no llores.
- Yo también quiero tocarte. Más de lo que te imaginas. Verte así... tan dolido y asustado, Christian... me hiere profundamente. Te quiero tanto...

Me acaricia el labio inferior con el pulgar.
- Lo sé, lo sé.
- Es muy fácil quererte. ¿Es que no lo entiendes?
- No, no lo entiendo.
- Pues lo es. Yo te quiero, y tu familia también. Y Elena y Leila, aunque lo demuestran de un modo extraño, también te quieren. Mereces ser querido.
- Basta. No puedo oír esto. Yo no soy nada Anastasia. Soy un hombre vacío por dentro. No tengo corazón.
- Sí, sí lo tienes. Y yo lo quiero, lo quiero todo. Eres un hombre bueno, Christian, un hombre bueno de verdad. No lo dudes. Mira lo que has hecho... lo que has conseguido. Mira lo que has hecho por mí... a lo que has renunciado por mí. Yo lo sé. Sé lo que sientes por mí.

Baja la vista y me mira, con ojos muy abiertos y aterrados. Solo se oye el chorro de agua cayendo sobre nosotros.
- Tú me quieres -musito.
Abre aún más los ojos, y también la boca. Inspira profundamente, como si le faltara el aire. Parece torturado..vulnerable.
- Sí -murmura-. Te quiero.



Libro: 50 sombras más oscuras. E.L. James.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Bad day


Me engañaría si pensara que las cosas a partir de ahora no van a ser más difíciles. No puedo evitar que la tensión recorra cada parte de mi cuerpo cuando veo que no sonríes, que estás preocupado y que no tienes apetito. A veces pienso que hemos pasado cosas peores, los años no pasan en balde para nadie y mucho menos para ti. Tengo esa necesidad incontrolable de ver y de sentir que eres el mismo de siempre.

Los días pasan. Tanto los buenos como los malos.
Aunque últimamente tengo la sensación de que son más malos que buenos.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Dime, ¿qué hago contigo?


Dime, ¿qué hago contigo? 
Tantos sentimientos reprimidos, tanto pesar. Dime, ¿qué puedo hacer para que te sientas bien? Sólo dímelo y lo haré. ¿Dónde están esas ganas de vivir y de no dejar de reír? Ahora que lo pienso, hace mucho que no te escucho reír, y lo echo de menos. Echo de menos esa capacidad que tenías de contagiar la risa, de saber estar y de ser feliz. 

Te abrazaré todas las veces que hagan falta siempre y cuando eso haga que pienses las cosas con más calma. Y llora, llora todo lo que necesites. Suelta eso que llevas dentro, venga. 

Movería cielo y tierra por verte feliz. 




lunes, 12 de noviembre de 2012

Así, sin más.

Debería... debería ser más firme ante las decisiones que tomo. Quizás de esta forma se me tendría más en cuenta, aprendería a valorarme más o no sé... A veces pienso que tengo una paciencia inagotable, rozo los límites hasta volver al equilibrio para después decidir seguir un poco más. Y me pregunto ¿adónde me lleva esto? Siempre creí en las segundas oportunidades, perdono y olvido porque lo hecho, hecho está. Y vuelta al principio. A creer en esas personas, en confiar, en desearles lo mejor e intentar hacerles la vida un poco más fácil. Y si te preguntas por qué... es sencillo. Porque soy así. Soy de ese tipo de personas que se la juegan todo por aquello que verdaderamente merece la pena

Siempre seré esa tonta que es feliz con poco, la que cree que las grandes cosas se encuentran en los pequeños detalles. 


sábado, 10 de noviembre de 2012

A contracorriente

Navegas a contracorriente. Has llegado a un punto en el que no sabes cómo encontrarte y lo sé, no te reconoces a ti misma. Cometes el mismo error una y otra vez. Es de esas veces en la que ve las cosas claras desde el primer momento pero te niegas a verlas por el simple hecho de que tienes miedo a perder, que tu vida cambie o que no tengas un razón por las que esta vida merezca la pena. Y no, no aguanto más escuchar siempre las mismas palabras. Estoy cansada. Cansada de ver que no eres tú, que has perdido esa sonrisa que podía iluminar un día nublado. Me duele ver que no te quieres a ti misma, que te infravaloras en todo momento y que crees que necesitas a ciertas personas para poder seguir. ¿Cómo te hago ver todo lo que vales? Dime, ¿qué hago? Porque se me acaban las ideas. Dejé las palabras cálidas por las frías y duras. Un intento inútil, fallido ya que por mucho que hable y te aconseje no se puede ayudar a quien no quiere cambiar. Dime, ¿qué necesitas? 

Puedo decirte una y otra vez todo lo que eres, recordarte quién fuiste pero hasta que tú no decidas dar el paso, no habrá mucho más que hacer.


martes, 6 de noviembre de 2012

Memories


Perdí la cuenta de los años que llevo sin verte y aún así cada noche, los últimos segundos de mi día van dedicados a ti. Recuerdo tu sonrisa, esa forma que tenías de intentar que olvidase todos los problemas que puede tener una chiquilla de tan solo 5 años. No olvido tu dulzura, tus gestos, ni esa preocupación desmedida por verme feliz. 

De algún modo, he decidido aferrarme a los pocos recuerdos que me quedan para no olvidarte jamás. Eras y siempre serás mi consuelo. 


domingo, 28 de octubre de 2012

Rutina

Quería... no sé que quería. Pretendía no hablar más de mi. Así de sencillo, simple. Aunque es complicado porque la mayoría de las veces hay tanto por decir... Otras sin embargo, no queda nada. 

Me sorprende la velocidad en la que avanza el tiempo. Hace nada habíamos dejado el colegio para empezar el instituto. Cuando menos lo esperaba me di cuenta que ya estaba en bachillerato rozando las puertas de la Universidad, y ahora sólo me queda paso y medio para ser graduada. Y seguimos creciendo y aprendiendo. 

A veces creo que ya no queda nada de esa niña que no dejaba de hablar en las comidas, que detestaba los silencios además de los días de tormenta. Siempre curiosa, y con esas ganas de ser la alegría de la casa. Pero no podemos olvidar que los años no pasan en balde para nadie y que la rutina tiene su propio peso. Y ahora solo somos un reflejo de ella.